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| EL GRAN FORGES SIEMPRE INTELIGENTE Y AGUDO. |
Se dibuja una sonrisa mellada en su rostro adusto, mirándonos espera que la comprendamos. Su despectiva actuación burocrática con el anciano que acaba de “atender”, le habrá dejado satisfecha, pero a los que nos hemos visto obligados a presenciarla nos ha indignado. Ahora, con su hipócrita aureola de asequibilidad y condescendencia, me apremia a que resuma y concluya mi solicitud. Sin previa consideración, con su rayada sonrisa y la consiguiente negativa, me despide, -si es que no demando más. . .-, apostilla irónicamente. No conteniéndome, respondo: sí, sirva con auténtica deferencia, cumplirá con su deber, mejorará su conciencia, y logrará un aspecto más atractivo y risueño.
