¡¡Tachán!! , oyó exclamar a Jaime desde la cocina, y cuando Maruja acudió, comprobó que por fin, iba a montar el mueblecito que para la galería del hipotecado piso habían adquirido hacía tiempo. Le dijo, -proporcióname la caja de herramientas y acabaré en un “plis-plas”-. Después de atenderle retomó sus quehaceres, esperando oír la “arquimedeana” exclamación, ¡¡Eureka!! . Confiaba que para él, la recurrente caja, sería el equivalente al punto de apoyo que demandaba el griego para levantar el mundo. Escuchando reiterados “juramentos”, pronosticó: la adquisición no cabe o habrá que demorar la obra. Era que concluido el montaje, Jaime no podía salir.
domingo, 19 de septiembre de 2010
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Homenaje
Pedro, el oculista, ha salido corriendo. Don Matías, que hace años que no abandona la caverna, es más pesado que el viaje de un elefante. Antonio, levantando del suelo el ánimo cuya caída ha originado la interminable perorata, discretamente también se escabulle. Pepita que soñolienta le cuesta bastante trabajo resistir, se entretiene como tantas veces, recordando todos los nombres de aquellos que le hicieron concebir alguna ilusión. Luisa, aguanta confiando en la milagrosa aparición del hombre duplicado que reviva su monótona existencia. Lástima, se dice ya en casa el oculista, preparando su ensayo sobre la ceguera, que Caín no pueda explicar definitivamente el evangelio según Jesuscristo.
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sábado, 7 de agosto de 2010
Microcuento: ACTITUD
Hace ya tiempo que aquí nadie cree en los milagros, me dijeron al llegar. Enseguida comprobé que por la calle de la disciplina nadie transitaba, al igual que tampoco por la empinada cuesta del esfuerzo. La ventana a la entrega incondicional y a la actitud positiva llevaba tiempo sin abrirse. La frustración y el desánimo eran el refugio del acomodo permanente. Transcurrido no demasiado tiempo, la higiene de la ilusión, el brillo de las luces hasta entonces ignoradas, y el trabajo como sin igual estímulo, comenzaron a extinguir la niebla de la pereza y a abandonar el uniforme del desaliento. El editor, sin plegarias, comenzaba a aceptar nuestros trabajos.
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jueves, 29 de julio de 2010
Microcuento: OLVIDO
La cena se enfriaba en la mesa, discutiendo no acertábamos con la trascendental decisión que a nuestros preocupados hijos habíamos prometido adoptar allí. El camarero observaba nuestros intermitentes silencios. Después de un nervioso carraspeo ella me dijo, “podíamos irnos, y paseando pensarlo mejor”. Entonces le respondí, si la vez anterior resultó y fue muy satisfactorio para los dos, ahora no tenía porque no ser igual. “Sí, -añadió ella-, pero en aquel viaje ni tú tenías el marcapasos, ni yo la prótesis en la cadera, olvidas que ahora no es la luna de miel sino las bodas de oro”. Al final, el postre fue lo único exótico.
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miércoles, 21 de julio de 2010
Microcuento: ALIVIO
La de los días de lluvia, su sensación era relajante. Le gustaba escuchar discurrir el agua, el olor a humedad, y experimentar cierta intimidad bajo el cobijo del paraguas. Así caminaba, meditando y dubitativa respecto la cita que tenía concertada. Al volver una esquina el paraguas se le dio la vuelta, un autobús la salpicó, y al retroceder la obligó a pisar un charco rompiéndosele un tacón. No se contrarió, se quitó los zapatos y adentrándose en un parque cercano reflexionó, “la lluvia no puede enviarme un mensaje equivocado”. Desistió de la cita, de cuyo éxito ahora desconfiaba, y como la lluvia, el alivio la empapó.
jueves, 1 de julio de 2010
Microcuento: COINCIDENCIA
Ese tic tac que escuchamos hace rato, ahora después del desastre, comprendo que era el aviso. Me equivoco haciéndote caso y así se suceden los percances, Necesariamente todo cambiará, con tu casa inundada y los vecinos acechándote, tendremos que irnos a la mía. Se acabó dejar el cigarrillo encendido encima de la mesilla, los electrodomésticos enchufados y las distintas llaves sin comprobar. Sí, a la fuerza, -dijo él-, ¿pero has dicho a tú casa?, claro, ¿sino. . .?, -contesté-, me habías dicho que ahora la utiliza tú “ex”, -me recordó-, sí, pero a él no le importará, siempre que observes el orden doméstico, -y añadí-, era nuestra única coincidencia.
jueves, 17 de junio de 2010
Microcuento: COHERENCIA
Entonces es martes, seguro, por lógica. Qué manía de argumentar así cualquier afirmación o actuación por irrelevante que fuera. Sin embargo al finalizar aquel aciago día, no podía justificar las “meteduras de pata” que había ido encadenando. Desayunando dio un sorbo a la taza que no era suya. Después en el ascensor comprobó que llevaba una gabardina que no le pertenecía. Más tarde, -esta sí que fue gorda-, despotricó a tope de su jefe desconociendo su presencia. Al día siguiente, no dudando que la lógica con seguridad cumpliría su función, pensaba que a media mañana estaría despedido. Sorprendentemente no fue así, no le permitieron ni entrar.
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