miércoles, 13 de febrero de 2013

Añoranza

No, claro que no queremos abandonarlo--, -pero tienen que hacerlo-, insistió el empleado de seguridad, añadiendo, -este espacio es para los que aguardan a sacar billete-. Los dos ancianos habían encontrado allí el sitio confortable para consumir las interminables horas de las mañanas invernales. Mientras contemplaban el trasiego de convoyes y viajeros, esforzando sus debilitadas mentes, recordaban el ya alejado trajín de sus vidas. Observando el incesante desfile de personas, portadoras de ansias y preocupaciones, aun despiertos, soñaban formando parte de aquel carrusel. Ignorando el espejismo, decididos, convinieron adquirir un billete, pero la incertidumbre surgió al consultarles si lo querían solo de ida.