Ese maravilloso viaje que le habían prometido, aun albergando dudas, era lo que le alentaba últimamente para afrontar las monótonas jornadas. Él, hombre siempre dinámico e incansable, prematuramente, sin el demandarlo, se vio encuadrado en las “clases pasivas”. Enseguida, por el encadenamiento de tristes e imprevistas circunstancias, tuvo que aceptar, lo mismo que una marioneta, que los hilos que determinaban su existencia fuesen otros los que los manipularan. Recién iniciado el ansiado viaje, el primer apeadero resultó ser una entidad bancaria, negándose allí a claudicar ante un indigno y humillante peaje, la añorada excursión concluyó encontrándose aparcado en un tétrico edificio a las afueras de la ciudad.
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domingo, 12 de agosto de 2012
viernes, 11 de diciembre de 2009
Microcuento: Decepción
Esta vez no erraré el tiro, es un reto definitivo en mi desesperación, ilusión contra frustración, y será antes que la luna comience a desvanecerse. El objetivo algo difuso por la altura y el tibio vapor de las emanaciones urbanas dificulta su nitidez, pero el efecto del mensaje rotundo, trasparente. Preparada el arma, me digo: –la mejor estrategia suavidad pero energía-. Esta vez la piedrecilla sí impactó en el cristal, y ella despertando a la vez que el día que ya se anunciaba, acabó apareciendo fugazmente. Me vio pero no con los ojos del corazón, humillándome ignorando mí presencia, ni siquiera quiso escuchar mis sinceros sentimientos.
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